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Por qué las acciones pequeñas si hacen la diferencia

Por qué las acciones pequeñas si hacen la diferencia

De los recuerdos más gratos que tengo en mi infancia está el ir con mi familia (unos 20 primos con nuestros respectivos papas y abuelos) al rancho familiar; ir a ver a las vacas, brincar sobre las pacas apiladas, intentar montar tractores y pretender que podíamos manejarlos (hasta la fecha no he podido), jugar a las escondidas entre los naranjos del huerto, y por qué no, si es temporada, pizcar la fruta y comértela debajo de ese mezquite gigante que te vio crecer a ti y a tus primos, quienes ahora tienen hijos y seguramente este árbol seguirá viéndolos crecer.

Todos hemos tenido la experiencia de trepar un árbol e imaginar que construimos un fuerte en el, donde tenemos nuestro lugar especial, nuestro castillo, nuestro lugar seguro e impenetrable que no puede ser invadido por nadie, excepto por tu mamá cuando te dice que ya es hora de comer y que te bajes inmediatamente de ahí antes de que te hagas daño.

Estos recuerdos, además de recordarnos la edad, me hacen reflexionar en cómo es que cada generación va adquiriendo diferentes costumbres de recreación, como es que, cada vez más entiendo el significado de la frase que escuchaba a todos decir y que me hacia torcer los ojos con enfado cada vez que decían  “Nooombre cuando yo era niño jugábamos a…”.

Hay un factor en común: la experiencia al aire libre.

Yo sé lo que están pensando “es que hace un calor…” “es que pobres niños se van a deshidratar” y así podría mencionar decenas de pretextos. Es verdad, la temperatura es un factor importante, y definitivamente no recomendaría mandar a jugar a nuestros niños al sol en un día de verano de 47°. Sin embargo creo que podemos educar a nuestras nuevas generaciones a tener amor por nuestro medio ambiente, respeto y cuidado de lo que está a nuestro alrededor.

Dejemos que experimenten el hacer un hoyo en la tierra, agarrar la tierra en sus manos y ensuciarse un poco, tomar un brote y colocarlo, rellenarlo y regarlo con agua, y por qué no, jugar, e igual y nos mojamos un poco antes de que llegue alguna autoridad a llamarnos la atención. Esta acción, mas que, una actividad ecológica, es una manera de crear una relación entre un niño y la naturaleza, volver a salir a disfrutar de la sombra de un árbol, correr por el parque y esconderte detrás de un tronco, volver (tú, si tú) a disfrutar ser un niño, es tan importante y creo que todos tenemos buenos recuerdos de nuestra interacción con la naturaleza, que lo menos que podemos hacer es enseñar a los newbies a, además de experimentarlo, sembrar el valor de la importancia de la presencia natural en nuestras vidas. Que a la vuelta de los años, esta pequeña acción que hagamos hoy, ayudará a regular la temperatura que hoy está en ascenso, purificará el aire que hoy estamos contaminando, protegerá el suelo que hoy es árido y proveeremos hogar a especies que en poco tiempo albergaran ecosistemas y controlaran nuestras lluvias.

Bien dicen que para poder cambiar al mundo lo único que hay que hacer es tener un acto de bondad al día, multiplicado por cada uno de nosotros imaginen lo que pasaría si todo lo que tuviéramos que hacer es un acto al día, uno nomas, dentro de esas 24 horas. Tomemos el lado del “sí quiero y puedo hacerlo”, al fin de cuentas solo es una acción…

Sean felices!

Ánimo!

Pao Celaya

1Comment
  • Gabby
    Posted at 07:11h, 12 February Reply

    Most help articles on the web are inaccurate or introehenc. Not this!

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